Quiero escribir sobre mí;
escribir cómo me siento,
pero mejor escribiré sobre este hombre
que ha de reemplazarme:
Es triste y solitario,
deseoso de la noche,
nihilista hasta la médula.
Poca cordura le queda
a su mente que funciona
con la cuerda que nadie venera.
Gustoso por saber
aquello que nadie quiere saber,
ha sido utilizado,
engañado,
abandonado
y humillado;
¡qué ser más despreciado!
Ya no le importa lo que piensen de él,
sólo y solo se esta sujetando de ese grueso cordel
arriba de una silla,
con la habitación oscura
sólo alumbrada
por la luz de la ventanilla.
Una nota ha escrito
y el ordenador está encendido,
la cámara ha puesto
para captar tan glorioso acontecimiento.
Los años han pasado,
la gente ya se ha olvidado
de aquel hombre pálido y escuálido,
ojeroso e insípido
que deambulaba por las aulas
sin molestar a ningún alma;
cuánta hipocresía hubo en su llanto
y su lamento
cuando se enteraron de la noticia.
Ahora todos viven irónicamente felices
en la ignorancia y la desdicha.
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