Mentalmente muerta.

lunes, 30 de julio de 2018

Ya no aguanto estar aquí

Quiero escribir sobre mí;
escribir cómo me siento,
pero mejor escribiré sobre este hombre
que ha de reemplazarme:

Es triste y solitario,

deseoso de la noche,
nihilista hasta la médula.
Poca cordura le queda
a su mente que funciona
con la cuerda que nadie venera.
Gustoso por saber
aquello que nadie quiere saber,
ha sido utilizado,
engañado,
abandonado
y humillado;
¡qué ser más despreciado!

Ya no le importa lo que piensen de él,

sólo y solo se esta sujetando de ese grueso cordel
arriba de una silla,
con la habitación oscura
sólo alumbrada
por la luz de la ventanilla.

Una nota ha escrito

y el ordenador está encendido,
la cámara ha puesto
para captar tan glorioso acontecimiento.

Los años han pasado,

la gente ya se ha olvidado
de aquel hombre pálido y escuálido,
ojeroso e insípido
que deambulaba por las aulas
sin molestar a ningún alma;
cuánta hipocresía hubo en su llanto
y su lamento
cuando se enteraron de la noticia.
Ahora todos viven irónicamente felices
en la ignorancia y la desdicha.

Nadie pregunta / A nadie le importa

Un día de monotonía y rabia, mientras me encontraba sola en casa, comencé a escuchar música. Era deprimente y sanador. Entre canción y canción, empecé a recordar lo que nos habíamos dicho... Lo que te había dicho y lo que habíamos hecho. De fondo la música parecía no tener fin. Mi piel y garganta quemaban, mi cabeza retumbaba. Todo iba demasiado rápido; los latidos de mi corazón, mi respiración, mis pasos y pasos, uno tras otro. Sonaba el soundtrack de Trainspotting mientras me dirigía a la cocina para tomar una taza pensando en lo mucho que quería drogarme. De pronto me encontré frente al ventanal que da hacia el patio; la ira y euforia crecían cada vez más. Quería golpear a alguien, de verdad quería hacerlo, pero mi único alivio fue arrojar la taza contra el muro escuchando cómo todo se hacía trizas mientras el mundo se detenía, liberándome así, momentáneamente, de toda la cólera inducida por ti. Pasó la tarde y pasaron los días, y como era de esperarse: nadie extrañó la taza... Nadie se percató de la falta de su existencia, y nadie nunca preguntó por qué habían trozos de vidrio en la cerámica.

lunes, 23 de julio de 2018

Síndrome de Abstinencia

Después de cada mes, viene el Síndrome de Abstinencia;
náuseas, nerviosismo, rabia, desesperación, angustia, nostalgia...
Y lloro, con fuerza, como nunca antes.
La habitación se inunda y yo también,
los recuerdos aparecen y las palabras desaparecen;
al pasar los días llegas tú y todos los síntomas se van...
Sólo queda la nostalgia y el añoro por todo lo que un día fue.
Por un momento ilusorio lo pienso y creo que así será;
te veo, nos vemos, ningún daño nos hemos hecho.
Todo parece mejor y de forma repentina -pero provisoria-
anticipo tu marcha confirmándolo después con tu maldita indiferencia
y con tu indirecto no me interesas
Entonces dejamos de hablar otra vez
y el ciclo se vuelve a repetir un mes después:
náuseas, nerviosismo, rabia, desesperación, angustia, nostalgia...