Estoy tan triste.
A veces imagino cientos de situaciones en mi cabeza; situaciones que me gustaría que ocurrieran.
Sería lindo recostarnos en el césped a escuchar la música que tanto nos gusta, que me tomes fotos casuales tipo polaroid mientras tengo una gran sonrisa en el rostro porque no siento inseguridad ni miedo, que me abraces por la espalda o por la cintura sorpresivamente, que nos riamos a carcajadas hasta que nos falte el aire, que tomemos una siesta juntos mientras apoyo mi cabeza en tu pecho y nuestros pies se rozan cálidamente, que me des besitos en la mejilla y luego yo dártelos por todo tu rostro, que nos brillen los ojos cuando le prestamos atención al otro, qué probemos todos los sabores de todas las cafeterías y restaurantes de Lastarria y Bellas Artes, que vayamos al bosque, a lugares abandonados, que me acaricies lentamente el cabello y el rostro con mucha ternura, que miremos las estrellas mientras nos quedamos hablando hasta tarde, que bailemos sin importar qué tan estúpidos nos vemos, que sintamos el mar sobre nuestros pies una tarde fresca caminando por la orilla de la playa; escuchando el sonido de las olas, ensuciándonos con arena; que seamos suficientes, que nos entendamos inigualablemente y que explotemos de amor al vernos. Cuántas cosas he imaginado... Pero me duele saber que probablemente nunca ocurrirán por mi personalidad de mierda, porque no me siento cómoda con ellas a pesar de anhelarlas con mi alma, y cada vez que pienso en ello, es como si me enterraran una estaca en el corazón; lenta y profunda agonía, expulsada en lágrimas.
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