Se sienta en su pupila y observa cómo todos han florecido, mientras ella se ha quedado estancada en el vacío. La envidia la consume, la ira le corroe cada milimétrico espacio de su cuerpo. Cuánto daría ella para disfrutar de las mismas banalidades que disfrutan los demás, pero no puede y nunca podrá porque hace dos días le informaron que no tiene corazón y que presenta insuficiencia de serotonina, endorfina y oxitocina; nunca podrá amar, nunca podrá divertirse, nunca podrá aliviarse del dolor y la angustia que le aquejan exponencialmente con el pasar de los años desde que tenía 10; ni siquiera puede reír. Le aguardan muecas extrañas en el exterior que alejan a todo aquel que se le acerque. Tanto se ha alejado de los demás que ya perdió el calor que nacía de sí, incluso ha olvidado cómo articular esas palabras que la mantenían a flote. Y nadie la comprende; ciertos seres la entienden, pero no logran comprenderle.¡Cómo podrían comprenderle si al parecer todos tienen corazón y todos ignoran que viven sin sentir, y encima son egoístas! Le es imposible permanecer aquí... Donde todos mienten y donde anhelan la ignorancia para lograr ser felices. Ahora su cuerpo permanece estático como un televisor sin sintonía; le suben larvas por los pies y crecen flores desde sus orejas. Se hace una con la naturaleza. Y quizás su lugar siempre estuvo ahí: en las silenciosas ultratumbas de todos aquellos que no pudieron sobrevivir a la hastía soledad de este mundo infernal.